David Ed Castellanos Terán
@dect1608
El Congreso de Tamaulipas aprobó la minuta de reforma laboral enviada por el Congreso de la Unión y, con ello, abrió una discusión que trasciende el tecnicismo legislativo: ¿a quién pertenece el tiempo de los trabajadores?
La mayoría votó a favor. La reforma avanzó. Pero el debate dejó cicatrices visibles.
El panista José Abdo Schekaibán Ongay fijó una postura que combina respaldo y advertencia. Reconoció el potencial de la reforma para mejorar condiciones laborales, pero cuestionó que el texto final no garantice de manera expresa dos días obligatorios de descanso, uno de los reclamos que detonaron la conversación nacional. Desde su óptica, la redacción quedó corta frente a la expectativa social y dejó fuera un elemento clave para fortalecer la convivencia familiar y el equilibrio entre trabajo y vida personal.
Schekaibán también colocó sobre la mesa un tema incómodo: el impacto financiero en las pequeñas y medianas empresas. Recordó que en muchos negocios el pago de nómina representa casi la mitad del gasto operativo y advirtió que una presión mal calibrada podría empujar a algunos empleadores hacia esquemas de informalidad. No es una amenaza retórica; es una posibilidad real en un país donde el sector informal compite con el formal en proporciones alarmantes.
En otra esquina del pleno, Mercedes del Carmen Guillén Vicente asumió una crítica distinta. Para la legisladora priista, la reforma llega tarde, es excesivamente gradual y se queda corta en derechos. No es la jornada de 40 horas que muchos imaginaron ni concede los dos días de descanso que millones esperaban. Es, dijo en esencia, una versión contenida.
Pero Guillén no llamó a frenarla. Llamó a avanzar.
Sostuvo que reducir la jornada laboral no es una consigna ideológica sino parte de una discusión global sobre productividad, salud mental y conciliación familiar. Recordó que durante años el argumento fue que “no era el momento”. Hoy, sin una fecha límite clara, la implementación vuelve a diferirse. Y sin embargo, para ella, el contexto político obliga a dar el paso, aunque sea incompleto.
Dos visiones. Un mismo voto favorable. Una coincidencia incómoda: la reforma no satisface plenamente a nadie.
El Congreso tamaulipeco cumplió el trámite constitucional, pero el fondo del debate apenas comienza. La tensión entre competitividad y derechos laborales no se resolverá con una votación. La reducción de la jornada es, en realidad, una disputa por el modelo de desarrollo que México quiere sostener: uno que exprime el tiempo o uno que lo redistribuye.
La pregunta no es solo cuántas horas se trabajan. Es qué tipo de país se construye con esas horas.
En la intimidad…. Mientras en el Congreso se discutía el valor del tiempo laboral, en el Gimnasio Multidisciplinario Victoria la Universidad Autónoma de Tamaulipas celebraba algo igual de esencial: el mérito construido con años de dedicación.
El rector Dámaso Anaya Alvarado encabezó la entrega de Reconocimientos al Mérito Universitario 2025. Fueron 264 universitarios distinguidos: profesores, investigadores, estudiantes de alto desempeño, personal sindicalizado y docentes jubilados. No fue una ceremonia protocolaria más; fue un mensaje político en el sentido más noble del término: la educación como motor de transformación.
Hubo 13 premios de Profesor Extraordinario, 70 Diplomas al Mérito Universitario, 26 medallas “Miguel Azomoza Arronte” a profesores eméritos, 54 medallas “Francisco T. Villarreal” a estudiantes con el más alto promedio y 31 reconocimientos “Alfredo E. Gochicoa” al personal sindicalizado. Por primera vez, se instauró además el Reconocimiento a la Dedicación Profesional Docente para 25 académicos jubilados que entregaron su vida a la enseñanza.
También se premiaron tesis de excelencia y trayectorias de investigación bajo los nombres de figuras emblemáticas como “Bernardo López García”, “Natividad Garza Leal” y “Norberto Treviño Zapata”, reforzando la identidad académica de la institución.
El momento más solemne llegó con el minuto de silencio en memoria de Jarethsi Guadalupe Santiago Juárez, estudiante de Comercio Exterior en Nuevo Laredo. La comunidad universitaria guardó respeto y dolor compartido.
En tiempos donde el debate público gira en torno a cuánto vale una hora de trabajo, la UAT recordó que el tiempo invertido en educación, disciplina y vocación también es una forma de riqueza. Una riqueza que no se mide en nóminas, sino en generaciones.
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